Mongolia
El teatro de Ulaan Bataar está repleto de turistas despistados por el cansancio del viaje y el desajuste de horarios, incluso algunos adolescentes están durmiendo a pierna suelta en los asientos delanteros. Nos disponemos a ver una actuación sobre la cultura nómada. Un mongol más bien flaco y ataviado con el derz tradicional, se dirige solemne al micrófono y entonces, lo que parecía iba a ser un soporífero recital de música ininteligible parecida al sonido de fondo de un restaurante asiático da un giro cuando el joven abre la boca y retumba en todo el auditorio con un sonido que nunca antes había escuchado, una especie de canto profundo y lleno de infinita nostalgia ,de poderosa presencia que de alguna manera pone una banda sonora a lo que vendría después: la inmensidad mongola, los horizontes infinitos de montañas lejanas y de siluetas de jinetes vagando en un paisaje infinito. No se me hace fácil trasladar a lenguaje escrito al...