Lost in translation: Japón.
A toda velocidad el tren que supera la bahía de Osaka, nos va acercando al aeropuerto. Pasamos por calles de casas pequeñas, de tejados grises y con una luz azulada en el ambiente. Se ven hombres y mujeres que subidos en sus bicicletas y con sus cestitas de mimbre llenas, van sin prisa de una tienda a otra comprando comida. El vagón va atestado de viajeros de todas las nacionalidades y en muchos se denota un semblante de agotamiento. Yo saboreo las últimas estampas de Japón como los tragos de un té matcha desde la ventana del tren. Hemos recorrido más de 3.000 km en trenes, unos clásicos como el que lleva a Koyasan, otros bala como el que une Osaka con Tokyo y muchos metros en las tripas de cada ciudad. Hemos disfrutado con cada templo, cada ofrenda, cada reverencia de un pueblo increíble , lleno de sutiles detalles que fluye en gigantescas estaciones y pequeños jardines zen. Nos ha iluminado la cara desde un farol de papel hasta la última tecnología en reproducción...