Lost in translation: Japón.
A toda velocidad el tren que supera la bahía de Osaka, nos va acercando al aeropuerto.
Pasamos por calles de casas pequeñas, de tejados grises y con una luz azulada en el ambiente.
Se ven hombres y mujeres que subidos en sus bicicletas y con sus cestitas de mimbre llenas, van sin prisa de una tienda a otra comprando comida.
El vagón va atestado de viajeros de todas las nacionalidades y en muchos se denota un semblante de agotamiento.
Yo saboreo las últimas estampas de Japón como los tragos de un té matcha desde la ventana del tren.
Hemos recorrido más de 3.000 km en trenes, unos clásicos como el que lleva a Koyasan, otros bala como el que une Osaka con Tokyo y muchos metros en las tripas de cada ciudad.
Hemos disfrutado con cada templo, cada ofrenda, cada reverencia de un pueblo increíble , lleno de sutiles detalles que fluye en gigantescas estaciones y pequeños jardines zen.
Nos ha iluminado la cara desde un farol de papel hasta la última tecnología en reproducción digital.
Hemos sentido la frialdad de conversar con un robot en un museo de Tokyo aunque nos hemos entendido con él y hemos disfrutado de la calidez de una señora que nos explicaba los pormenores de la habitación en un Ryokan en Miyayima, a la que no hemos entendido.
Hemos perdido miles de matices en la traducción pero estado cara a cara mirando a los compañeros de cada vagón de tren, intentando introducirnos en el misterio de sus ojos rasgados y cruzando miradas fugaces con ellos algo creemos haber entendido.
Japón es un país increíble donde observar y disfrutar de los japoneses es tan interesante como visitar sus templos , castillos o perderse por sus ciudades.
Muchas anécdotas divertidas y situaciones hilarantes pero sobre todo mucha sorpresa en cada detalle, en cada gesto, en cada ocasión.
Me estoy leyendo un libro, una novela ambientada en el Japón antiguo que encontré unos días antes de iniciar el viaje. En ella, un monje que antes fué guerrero medita sobre lo que ha vivido y cuando quiere expresar que algún momento fue especial dice: "me brillaron los ojos observando..."
Creo que es un ultraje imperdonable intentar siquiera definir a los japoneses , su manera de comportarse, su delicado respeto en los lugares públicos, su extraño sentido del humor y su exquisita amabilidad para con el extraño que les visita, pero si podría decir una cosa:
"me brillaron los ojos en Japón viendo lo que ví".
Ya el avión está despegando y giro la cabeza por la ventanilla todo lo que me da el cuello, tiro una fotos al ya miniaturizado puente de Osaka y veo como las casas y los rascacielos de Osaka parecen pequeñas resistencias electrónicas de un gigantesco ingenio tecnológico, inmenso, inabarcable y difícil de descifrar.
Luego unas nubes y el mar... la isla verde y azul , las casas grises, los ojos misteriosos , los sabores , las texturas , los detalles...perdidos en una traducción imposible.
Creo que me he vuelto a enamorar de otro viaje.