Las últimas personas libres , encuentros.

(No necesariamente se es libre cuando se deambula por espacios naturales salvajes e inmensos. A veces un soplo de libertad surge en cualquier circunstancia y entorno, pero he elegido a estas personas y encuentros  porque me impresionó su grado de desconexión con lo establecido y la  libertad de las ataduras con lo que denominamos una vida estándar, normal ,convencional y corriente en una sociedad occidental.  Personas que rezuman libertad.Apunto aquí estos  breves encuentros con estas personas que he venido en denominar "las últimas personas libres" que se han colado en mis recuerdos casi como una ensoñación.)




Cordillera de las Wrangel y Sant Elías


Las montañas Kimberly

Tras un viaje por el Parque Nacional de Kakadú en el norte de Australia, las distintas personas de varias nacionalidades que conformábamos el grupo nos despedimos tomando una cervezas en la ciudad de Cairns.

En la ronda de despedidas, cada persona dijo cuáles eran sus planes al finalizar su viaje por Australia, una chica coreana contestó que volvería a su país a continuar sus estudios; un jóven inglés volvería a su trabajo en Inglaterra, así sucesivamente, por supuesto había personas que habían sucumbido al encanto del Outback aussie y se quedarían un tiempo en el país como haría una compañera de viaje alemana que se iba a quedar un tiempo trabajando en una station en medio del desierto rojo...

Entonces llegó el turno del guía, Kim, un jóven australiano que conducía descalzo el todoterreno y a todo respondía con una amplia y genuina sonrisa, Kim parece que lo decidió en preciso instante de responder: "Me voy a ir unos meses a pescar a las montañas Kimberly",

A él le pareció una respuesta totalmente común y normal, pero es la primera y única persona  que cuyo plan establecido a medio plazo, jamás haya yo oído  que sea pescar en una montañas durante meses.

En numerosas ocasiones a lo largo del viaje noté una enorme desconexión entre el mundo de Kim y el nuestro, no sabía casi nada de lo que le contábamos de Europa y parecía importarle realmente un bledo.

Su vida era conducir , buscar animales para enseñarnoslos y encontrar buenas zonas de baño libres de cocodrilos. 

Más allá del éxito de sus expediciones profesionales a Kim básicamente lo que le gustaba era deambular por la naturaleza australiana disfrutando y enorgullenciéndose de cada cosa que nos mostraba, así lo hacía ver en cada momento del viaje.

Siempre que escucho a alguien hacer planes me acuerdo de aquella frase llena de frescura,inocencia, despreocupación y libertad y me dan ganas de decir como Kim: "pasaré los próximos meses pescando en las montañas kimberly".


¿Dónde estarás Ben Trott?

Ben  es un amigo de Barcelona pero ascendencia inglesa, que fue entrevistado por mi para este blog hace ya unos cuantos años, un buen día vendió sus dos coches y su casa y compró un billete hacia el gran norte de América.

En las primaveras y veranos se dedicaba a recorrer las inmensas extensiones de naturaleza entre Canadá y Estados unidos. Comía lo que cazaba, pescaba o incluso animales atropellados. Recolectaba bayas, buscaba oro y hacía trueques para subsistir, al principio de manera cada vez más distanciada contestaba los correos electrónicos y me contaba sus viajes, sentires y experiencias.

La última vez que hablamos me escribía desde México en Playa del Carmen , donde pasaba los inviernos esquivando la implacable dureza del clima norteño y donde obligadamente había de ir para salir sobre todo de Estados unidos al no disponer de la codiciada Green card.

la verdad es que muchas veces escucho hablar de la desconexión, de bajarse del mundo, de perderse, de tirar el móvil a la basura, de ignorar la existencia de las redes sociales, pero solo conozco una persona que de verdad haya dejado todo atrás y se haya lanzado en pos de un sueño de aventura.

Hace unos años en unas de sus últimas comunicaciones telemáticas Ben me dijo que iba a pasar unos días en un pueblo asturiano en un pequeño congreso sobre búsqueda de oro fluvial.

Después de eso silencio absoluto, la comunicación se cortó, los correos no llegan y como nunca tuvo un móvil de contacto ni una cuenta en redes, le perdí irremisiblemente la pista.

Me gusta imaginarle en algún punto del Yukón con una vatea buscando oro o escalando picos nevados, entre bosques boreales rodeado de grizzlies y lobos grises. También me lo imagino con su vieja bicicleta paseando por un paseo marítimo observando el mar caribe.

A veces me gustaría saber de él, pero otras prefiero mantenerle en la leyenda, convertirlo en un mito y preguntarme: "¿Dónde estarás Ben Trott?"


El trampero de San Elías

El parque nacional Wrangel Sant Elías tiene la superficie de Suiza, está surcado por ríos enormes e indómitos que nacen de una cadena montañosa sublime que tiene cotas por encima de los 5000 metros y volcanes activos como el que da nombre al parque. Esa inmensidad que alberga varias decenas de glaciares y bosques infinitos boreales es recorrida por rebaños de caribùes, por manadas de lobos grises y por allí campan miles de osos negros y grizzlies, alces, linces ... entre otras maravillas de la fauna norteamericana.

En ese entorno es difícil entender el carácter de quienes pasan allí sus vidas y sobre todos quienes allí están en los crudos inviernos de 6 meses sin apenas luz y temperaturas por debajo de los 60 grados centígrados.

Estábamos en la carretera que circunda parte de un flanco del parque la que lo une con poblaciones como Valdez cuando en un aparcadero con vistas vimos un señor menudo , con una calvicie más que incipiente y gafas de sol, se encontraba allí en medio de la nada con una pickup donde había establecido una especie de tenderete de mercadillo, allí ondeaban pieles de todo tipo de animales, bastones hechos de ramas de abedul y hasta rocas fósiles provenientes de alguna explotación minera cercana.

La verdad es que no prestamos mucha atención a su exposición de "productos" a la venta, pero cuando nos vio asomarnos a ver el monte San Elías se prestó rápidamente a dejarnos usar sus roídos prismáticos y amablemente nos dejó unas pinceladas acerca de dicho monte, su actividad volcánica y otras características.

Como allí no había mucha gente y el paisano parecía tener ganas de palique, pronto nos puso al día de su vida ( en Estados Unidos es relativamente fácil establecer largas conversaciones con extraños y en Alaska especialmente) , vivía en el área de influencia del enorme parque nacional, en una cabaña que tenía miles de acres alrededor sin nada ni nadie ,lejos de cualquier carretera transitada.

En los largos inviernos se dedicaba a lo que  se denomina caza de subsistencia, algo que en Europa directamente no existe, se trata de unas licencias de caza con cupos y fechas de coto propias y se les otorga a personas que subsisten de esa caza básicamente para comer en los duros inviernos de aislamiento nórdico.

Cuando ya llevaba un rato comentándonos que a él lo que le gustaba era vivaquear en pleno invierno para pasar las horas de sueño con una buena hoguera, dijo casi con una mezcla de añoranza y entusiasmo que se acababa el verano y comenzaba la época de cazar y trampear.

Nos alejamos de aquel parking con la sensación de haber conocido a una persona que no se había bajado de nuestro mundo ,sino que directamente ni se había subido al mismo y que vivía en otro mundo paralelo.

Un mundo sujeto a los ritmos de la naturaleza, a los rastros y pasos de fauna, un mundo de hogueras bajo las auroras boreales, un mundo de frío y soledad, era un trampero de  Alaska y no se trataba de una película. ese hombre, cuyo nombre si nos lo dijo no lo recuerdo, vivía en aquella inmensidad al margen de todo y de todos. Un auténtico mountain men.


En la carretera de la República.

Cuando vives en un pueblo de la Sierra de Madrid y sales a diario a pasear a tus perros ves prácticamente de todo, turistas despistados , señoras con tacón, ciclistas de toda condición física, campers, senderistas, paseantes de todo tipo, fotógrafos, aficionados a la astronomía, gente filmando películas, ganaderos... pero poca gente te encuentras que te diga que va a Santiago de Compostela allá por encima de los 600 km desde la carretera de la República.

Era un día razonablemente caluroso de finales de agosto y mi hijo y yo íbamos paseando con las perras dirección a unos pilones que hay cerca de la carretera de colmenar viejo. Estamos hablando de una pista forestal a tramos cañada que se denomina la carretera de la República y que te lleva a Colmenar Viejo,  Cerceda, Manzanares el Real etc...

Un señor nos preguntó si era correcta la dirección hacia la sierra de Guadarrama, venía de la estación de tren de Torrelodones y nos dijo que se dirigía a "Santiago de Compostela, haciendo el Camino de Santiago en una variante del centro peninsular".

Cuando me cruzo con gente en la sierra no suelo pensar en ella  más allá de lo que tardo en cruzármela.

Pero aquel día de verano pensé en dónde pasaría la noche aquel hombre, por dónde atravesaría la cordillera del sistema central, el calor y las jornadas de lluvia y tormentas y después que ruta tomaría,....

Cuando ves estos ovnis así, personas que emprenden travesías a pie de cientos o miles de kilómetros, con intención de dormir bajo las estrellas, sin alojamientos , sin etapas, sin caminos marcados , sin tiempo , sin más plan que el horizonte, piensas estar delante de las últimas personas libres.

Espero que llegara a Santiago de Compostela aquel solitario caminante al que encontramos muy al comienzo de una gran aventura, tan solo siguiendo el ritmo de sus pasos.



 










Entradas populares de este blog

Andanzas por la nostalgia